,, Religia care nu este la fel de veche precum Cristos şi Apostolii Săi, este prea nouă pentru mine.” – Joseph Hooke, apologet baptist englez .

UNA ADVERTENCIA URGENTE A LOS CATOLICOS ROMANOS

Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en Él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te
reprenda, y seas hallado mentiroso.” Proverbios 30:5-6
UNA ADVERTENCIA URGENTE A LOS CATOLICOS ROMANOS
“Porque toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre.
Y esta es la palabra que por el Evangelio os ha sido anunciada.”
El sistema religioso-político conocido como la Iglesia Católica Romana empezó a evolucionar en el cuarto siglo.
Conforme pasaron los años, la Iglesia Católica Romana ejercía un poder creciente el cual no le fue concedido
por Dios; y promulgaba cada día mas doctrinas no bíblicas, aun persiguiendo a quienes obedecieron tenazmente
la Palabra de Dios. Francamente, el Papa y sus subordinados han sido adversarios de la Palabra revelada de
Dios, la Santa Biblia. La Palabra de Dios y la palabra de la Iglesia Católica Romana dirigida por el Papa están
directamente en contraste en muchos asuntos fundamentales, incluyendo–lo más importante–como se recibe el
perdón del pecado y la salvación de Dios. Es imposible que uno obedezca a ambas, a la Iglesia Católica y a la
Biblia, tal como es imposible seguir al Papa y al Señor Jesucristo a la vez. En el espacio limitado de este folleto,
quisiera sacar a la luz algunas enseñanzas de la Iglesia Católica Romana que están en completo desacuerdo con
la Palabra de Dios (Mateo 15:8-9). Debido a las limitaciones no citaré directamente los documentos de la Iglesia
Católica Romana que contienen las enseñanzas que trato, además simplemente citaré las referencias bíblicas. Me
supongo que los católicos saben donde se encuentran sus enseñanzas, o me contactarán para la documentación.
Yo deseo que cada uno lea las citas bíblicas referenciadas que son representativas de muchos versículos en cada
caso.
La Iglesia Católica Romana enseña que el Papa es el vicario (representante, voz) de Cristo en la tierra, el Padre
Santo, y la cabeza de la iglesia de Cristo, infalible en todos los asuntos de fe y moralidad cuando habla oficialmente
en su oficio. El apóstol Pedro es considerado como el primer Papa.
Las reclamaciones católicas romanas concerniente al Papado y al apóstol Pedro son plenamente refutadas por la
Palabra de Dios. El Espíritu Santo, y no el Papa, es la voz de Dios a la conciencia de los hombres, convenciendo
del pecado y confirmándoles la Palabra de Dios (Juan 14:26, 16:7-14; Efesios 6:17). La Biblia en ninguna parte
asigna a un hombre que sea la cabeza de la Iglesia, sino claramente declara que Cristo es la única cabeza de su
Iglesia (Colosenses 1:18; Efesios 1:22-23, 5:23).
El apóstol Pedro nunca se declaró ni sintió que él era la cabeza de la iglesia, sino se llamó “un anciano” (1Pedro
5:1-3). Pedro nunca ha sido identificado en las Escrituras como el apóstol principal o “Papa”; en realidad, durante
la era apostólica, otros apóstoles ejercían más autoridad que Pedro en varias circunstancias (Hechos 15:1-30).
¡Además si el apóstol Pedro fuera el “Santo Padre” en Roma, entonces una lectura de la epístola del apóstol
Pablo a los romanos implicaría que no tuvo mucho respeto por Pedro como la cabeza infalible de la Iglesia
(Romanos 1:11-15; Gálatas 2:11-16)! La Palabra de Dios manda rotundamente que ningún cristiano llame o
se dirija a otro en el sentido espiritual o religioso como “padre”, mucho menos “Santo Padre” (Mateo 23:9). A
la luz de las reclamaciones católicas romanas acerca del primer Papa, parece extraño que solamente Santiago y
Judas escribieron menos del Nuevo Testamento que el apóstol Pedro. Hay una abundancia de otras evidencias
bíblicas que muestran plenamente que la Iglesia Católica Romana está equivocada en absoluto cuando se refiere
al papado.
Seguramente, la historia sangrienta y sórdida del papado es prueba también que el Papa no es el vicario infalible
y santo de Cristo. Varios Papas han sido fornicadores, homosexuales, y asesinos tal como lo reconocen los
historiadores católicos. Algunos Papas han excomulgado a sus predecesores y ejercitado un poder impío sobre los
gobernadores civiles mientras ordenaban persecuciones brutales, incluyendo la matanza de los cristianos creyentes
de las Escrituras como los valdenses. ¿Cómo podrían ser tales hombres viciosos el “vicario de Cristo?”
La Iglesia Católica Romana enseña que el pan y el vino de la eucaristía son literalmente el cuerpo y sangre de
Cristo.
Esta doctrina está erróneamente basada en un lenguaje figurativo que Jesús empleó para mostrarles a los judíos que
Él descendió del cielo para dar vida eterna a sus almas tal como el maná descendió de los cielos para el sostén de
la vida física de sus padres en el desierto (Juan 6:48-64). El Señor Jesucristo es la vida esencial para la salvación
del pecador. Por su muerte, la entrega de su cuerpo y el derramamiento de su sangre, Cristo compró vida eterna
para los pecadores que vengan a Él en arrepentimiento y fe confiando solamente en Él para la salvación de sus
almas. Cuando Cristo habló de comer su carne y beber su sangre, hablaba en el sentido espiritual, como dice en
Juan 6:63. Indudablemente todo aquel que está en Cristo recibe su alimento espiritual y gracia por Él y a través
de Él. Cristo Jesús es el Pan de Vida por su pueblo.
Jesús también dijo que es “la Puerta” (Juan 10:9), y “la Luz” (Juan 12:46). La Biblia identifica a Jesús como un
“Cordero” (Juan 1:29), y como una “Roca” (1Corintios 10:4). Hay ocasiones en que en la Palabra de Dios se usa
un lenguaje figurativo para enfatizar una verdad eterna. Esas ocasiones siempre son obvias, pero parece que al
Papa, a los arzobispos y a los sacerdotes no les son tan obvias.
El Señor Jesucristo, “el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29; Colosenses 1:18), para nuestro
beneficio posee en el presente un cuerpo resucitado y glorificado (Filipenses 2:5-11; Juan 20:26-27) tal como sus
seguidores un día lo poseerán (1Corintios 15:35-58). Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre (Romanos
8:34). El cuerpo de Cristo no puede ser dividido en miles de piezas todos los días por los sacerdotes católicos en
todo el mundo en el rito de la misa. Además si Cristo hubiera mandado literalmente que comiéramos su carne
y bebiéramos su sangre, nos hubiera mandado que practicáramos el canibalismo. Durante la institución de la
Santa Cena con sus discípulos, Jesús estaba físicamente presente cuando Él les entregó el pan y el vino, diciendo:
“Esto es mi cuerpo…..y mi sangre…” (Lucas 22:17-20). La mesa del Señor (la Santa Cena) es una ordenanza
de la verdadera iglesia de Cristo que se celebra únicamente “en memoria” del sacrificio vicario de Cristo en la
cruz del Calvario (Lucas 22:19; 1Corintios 11:23-26). A través de la misa, la Iglesia Católica Romana enseña
a sus miembros la adoración literal de la hostia y que sus sacerdotes tienen el poder para cambiar los elementos
físicos en el Hijo de Dios y luego sacrificarlo en sus altares. ¡Mediante este rito, profesan sacrificar a Cristo
repetidamente por el perdón del pecado! Las Escrituras aclaran que la muerte del Señor Jesús en la cruz fue
enteramente suficiente y completamente eficaz para la salvación de todo aquel que se arrepiente y cree en el
Evangelio (Hebreos 7:27, 9:12, 9:26-28, 10:10; 1Pedro 3:8). Lo que el Señor Jesucristo ha mandado a sus
seguidores que hagan “en memoria” de su muerte y su heredad de vida eterna por fe en Él (Lucas 22:19-20), la
Iglesia Católica Romana lo ha convertido en un rito blasfemador que engaña a miles y a millones alejándolos de
Cristo y de la verdadera salvación. Ningún cristiano legítimo puede participar en ello (1Corintios 10:20-22).
La Iglesia Católica Romana enseña que para obtener la salvación, uno debe realizar ciertas obras y sacramentos
ordenados por la Iglesia.
El Evangelio del Señor Jesucristo proclama que la salvación es solamente por la gracia de Dios, mediante la fe, en
Cristo únicamente. Esta es la verdad anunciada en toda la Palabra de Dios y afirmada por el Espíritu de la verdad
en los corazones de todos los seguidores verdaderos de Cristo. El promulgar que la salvación se obtiene por las
obras de la ley o por cualquier combinación de obras humanas más la gracia divina es enseñar que Dios les debe
a los pecadores la salvación en lugar de que sea un regalo gratuito de Dios (Romanos 4:1-8, 6:23, 5:15-19). La
salvación es toda de Dios y nada del hombre. La salvación es totalmente de gracia y nada de obras humanas. “Y
si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra
manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6). “Nos salvó, no por obras que nosotros hubiéramos hecho, sino
por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
La Iglesia Católica Romana enseña que la salvación es solamente posible a través de una vida de obras sacramentales
y por el auxilio de sus sacerdotes. Esta es una mentira blasfemadora que se burla de la eficacia, suficiencia y el
poder omnipotente de la vida, muerte, resurrección y sacerdocio del Señor Jesucristo quien es capaz de salvar
perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).
Los Papas y sus sacerdotes tuercen las Escrituras “para su propia perdición” justificando su evangelio falso de
la gracia más obras y a la vez esclavizando a los pecadores a su reino religioso para que no entren en el reino de
Dios (2Pedro 3:16). Por ejemplo, citan a Santiago capítulo 2 y enfatizan que Abraham fue justificado por fe y por
obras. Sin embargo, la Escritura debe ser traducida por la misma Escritura; ¡y el resto de las Escrituras atestigua
que Abraham fue justificado por fe solamente! Además la justificación mencionada por Santiago se debe entender
en un sentido diferente. Por la inspiración del Espíritu Santo, Santiago está simplemente mostrando que una fe
sin obras es una fe muerta y no la fe verdadera dada por Dios. Después de que Abraham fue justificado delante
de Dios por fe, sus obras demostraron a sus contemporáneos la veracidad de su fe. Aunque las Escrituras enseñan
repetidamente que todos los hombres están obligados a obedecer la santa ley de Dios y vivir una vida santa, es
imposible justificar o salvarse por medio de la ley o por cualquier otra obra de obediencia; sino la salvación es
solamente por la gracia de Dios mediante la fe (Romanos 3:20-28; Gálatas 2:16, 3:11; Efesios 2:8-9). Es verdad
que la salvación verdadera resultará en buenas obras, pero la salvación no es el resultado de las buenas obras
humanas. Los que enseñan que el hombre debe hacer ciertas obras para obtener la salvación o para mantenerla,
sustituyen las obras corruptas de los hombres perversos y espiritualmente muertos por la sangre preciosa de Cristo
y su justicia perfecta. La Iglesia Católica Romana no puede ser la iglesia verdadera debido a que proclama un
evangelio falso. Asimismo, ¿cómo puede ser el Papa, un maestro falso y maldito, el vicario de Cristo (Gálatas
1:8-9)?
La Iglesia Católica Romana insiste que María, la madre de Jesús, fue concebida sin pecado, vivió una vida sin
pecado en la tierra, era una virgen perpetua, y luego fue ascendida al cielo.
La Iglesia Católica Romana contradice la Palabra de Dios con estas reclamaciones y muchas más acerca de la
madre terrenal de Jesús. María era una mujer joven a quien Dios soberanamente escogió para que naciera el
Mesías en este mundo. María fue una virgen hasta después del nacimiento de Cristo, pero más tarde “conoció”
íntimamente a José (Mateo 1:25). En otras palabras, su matrimonio fue físicamente consumado después del
nacimiento de Jesús. ¡El decir lo contrario, es subirse al mismo barco de la fantasía de los homosexuales que dicen
que los sodomitas que querían “conocer” a los dos invitados de Lot, significa solamente que querían familiarizarse
y tener amistad con ellos! (Génesis 19:5)! También es imposible ignorar la evidencia bíblica irrefutable que Jesús
tuvo hermanos y hermanas carnales, algunos siendo nombrados en las Escrituras (Mateo 13:53-56; Marcos 6:1-
3). Sin lugar a dudas, María era una mujer pura y piadosa; sin embargo no era sin pecado y mucho menos una
virgen perpetua. María habló de “Dios mi Salvador” (Lucas 1:47). ¡María, como todo ser humano, era de la raza
caída de Adán y necesitaba al Salvador! Las Escrituras dicen: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la
gloria de Dios” (Romanos 3:23). En ninguna parte de la Biblia se manifiesta que María era una excepción a esta
regla, tal como no se manifiesta que ella fue ascendida al cielo.
No hay ninguna justificación en todas las Escrituras–en realidad al contrario–para rezar u orar a María como
la Iglesia Católica Romana promueve. ¡Para oír los rezos y oraciones de los millones de católicos romanos a
través de todo el mundo, María tendría que ser omnipresente (estar en todo lugar a la vez) tal como es Dios!
Trágicamente la Iglesia Católica Romana ha convertido a aquella mujer humilde de los judíos en una diosa, aun
llamándole con títulos blasfemos como “La Reina del Cielo” y “La Co-mediadora.”
Estos son algunos de los muchos ejemplos donde las doctrinas de la Iglesia Católica Romana están directamente
en conflicto con la Palabra de Dios. ¡Los católicos romanos tienen que decidir a quién hacerle caso, o al Papa
o a la Palabra de Dios! Lector católico romano, le suplico encarecidamente que considere todas las enseñanzas
fundamentales en las cuales su religión e iglesia están en conflicto serio con la Palabra de Dios. Los dos no
pueden ser correctos. No puede usted servir al Papa y al Señor Jesucristo a la vez.
Para gozar del perdón de sus pecados, ser salvo, y estar lleno de la bendita certidumbre de la salvación (Romanos
8:16), crea la Palabra de Dios en lugar del Papa. Confiese sus pecados a Dios y no al sacerdote. Clame al Señor
Jesucristo para salvación en lugar de rezar a María y a los “santos” conforme a los ritos antiguos y paganos. Luego
siga en pos de Jesús y viva su vida de acuerdo a la santa Palabra de Dios en lugar de las enseñanzas corruptas de
Roma.
–Pastor Ralph Ovadal

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